Taller de narrativa. Monleras. Viernes, 30 de octubre

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Desandar lo andado monleras (1) Desandar lo andado monleras (2) Desandar lo andado monleras (3) Desandar lo andado monleras (4) Desandar lo andado monleras (5) Desandar lo andado monleras (6) Desandar lo andado monleras (7) Desandar lo andado monleras (8) Desandar lo andado monleras (9) Desandar lo andado monleras (10) Desandar lo andado monleras (11) Desandar lo andado monleras (12) Desandar lo andado monleras (13) Desandar lo andado monleras (14) Desandar lo andado monleras (15) Desandar lo andado monleras (16) Desandar lo andado monleras (17) Desandar lo andado monleras (18) Desandar lo andado monleras (19) Desandar lo andado monleras (20) Desandar lo andado monleras (21) Desandar lo andado monleras (22) Desandar lo andado monleras (23) Desandar lo andado monleras (24) Desandar lo andado monleras (25) Desandar lo andado monleras (26) Desandar lo andado monleras (27) Desandar lo andado monleras (28) Desandar lo andado monleras (29) Desandar lo andado monleras (30) Desandar lo andado monleras (31) Desandar lo andado monleras (32) Desandar lo andado monleras

 

DEMETRIA DELGADO GARCÍA

 

Sentidos

Olor: la mezcla de olor de tomillo con el de la pólvora de los cohetes de la procesión del día del Corpus

Sabor: el sabor de las patatas con bacalao que hacía mi abuela Asunción

Sonido: el alboroto de los niños jugando en la plaza

Imagen: el campo un día soleado de primavera

Sensación: el agua corriente cuando íbamos al regato

 

 

 

JUAN JESÚS DELGADO

 

Sentidos

Sonidos:

El bramido de la rivera al saltar las pesqueras en los días de lluvias torrenciales del invierno.

El croar de las ranas al llegar la primavera.

El repique festivo de las campanas en la procesión del Corpus y el estallido de los cohetes.

Las voces de las mujeres entonando cantos lúgubres en la novena de las ánimas.

El silencio invernal en las noches de heladas.

La voz de mi abuela rezando el rosario en la noche al abrigo de la lumbre

El crepitar de las llamas en la chimenea de la casa de mis abuelos.

El sonido de la esquila que acompañaba al cura cuando iba a dar la comunión a los enfermos.

 

 

TERESA DEL ARCO

 

Sentidos

Olor: las flores del campo en primavera y a tomillo en las fiestas del corpus

Sabor: del pan que se hacía en casa, y los guisos que hacía mi madre

Sonido: de las campanas que son distintos y siempre dicen algo. Los pájaros por la mañana, en primavera.

Imagen: el campo con sus encinas, el verde de la primavera

Sensación: al recoger las flores del campo y algunos frutos.

 

Mi pueblo

Es  hermoso y acogedor. Huele a limpio y a naturaleza. Un día en mi pueblo nos asustamos por un gran fuego. Lo mejor de mi pueblo es su gente, y en mi pueblo no hay un río, lo había. Si mi pueblo fuera más grande, quizás no hubiera tanta tranquilidad

 

Plantar semillas

El campo sembrado se alegra rápidamente con la lluvia.

 

Fotos

Esta foto es una de mis preferidas. Estamos mis padres y los 9 hermanos que éramos; es la única foto en la estamos todos juntos. Está hecha en el corral de casa al siguiente día de la boda del tercero de mis hermanos. En aquellos años las bodas duraban tres días: la víspera, la boda y la tornaboda. Pasamos días felices acompañados de amigos y familiares de los novios.

Hoy sería imposible hacer esta foto, ya faltan cuatro miembros de la familia.

 

 

Nací en este pueblo, dentro de una familia numerosa, fuimos 9 hermanos, además tenía tíos y muchos primos. Siempre tuve una espinita clavada, no conocí a ninguno de mis abuelos.

Mi padre era labrador como la mayoría de las familias del pueblo, era la forma de vida que había en el pueblo.

Mi madre se dedicaba por entero a la casa y sus hijos, y no le faltaba tarea.

A los 5 años empecé mi etapa escolar, hasta los 14 años que terminaba nuestro paso por la escuela. Algunas niñas seguían los estudios en Salamanca.

Teníamos una maestra para 71 niñas que éramos en la escuela, y en la de los niños había otros tantos. Tuve siempre la misma maestra, muy recta, pero muy entregada a su profesión, siempre le estaré eternamente agradecida.

Además de ir a la escuela ayudábamos en algunas labores imprescindibles en aquella época, como ir a por agua al pozo que era todos los días ya que no teníamos agua corriente en las casas; pero siempre quedaba un ratito para jugar con las niñas del barrio.

Cuando llegaban las vacaciones de verano, nuestra colaboración era más necesaria en casa. Los más pequeños que no podíamos en las tareas más duras del campo, nos tocaba ir a cuidar animales, a darles de comer. Llevar la comida a los mayores que trabajaban muchas horas.

Cuando llegaban los días de la trilla, la labor que nos tocaba a los más pequeños era subir al trillo y pasábamos horas dado vuelta a la parva, los días se hacían interminables. Había tiempo para cantar, bostezar, y de aburrirse miserablemente.

Nuestro viajes a la cabaña donde estaban los barriles con agua eran continuos, más por salir un ratito del trillo que por sed. Había días que el calor era insoportable, aunque no teníamos reloj, sabíamos más o menos las horas de comer, y merendar más que por hambre por bajarnos otra vez del trillo.

A pesar de todo y siendo duro el trabajo del campo, en el verano, siempre lo recuerdo con nostalgia. La vida en las eras era como una familia, todos los que trabajaban en ellas se ayudaban unos a otros, siempre que hubiera que echar una mano había alguien que ayudaba.

¡Tiempos duros pero felices!

 

Cuando tenía 11 años escribí esta poesía.

 

La casa paterna

En el hogar se encuentra el amor de la familia.

 

Mi casa es pobre mas tengo

dentro de ella alegría y pan.

Tengo padres, tengo hermanos,

¿qué más puedo desear?

Mi padre cuida los campos,

mi madre rige el hogar

y mis hermanos le ayudan,

todos trabajando están.

Yo que soy niña y los veo

me contento con andar

del uno al otro llevando

un beso de amor y paz.

¡Oh casita venturosa!

¡Oh, amable y caliente hogar!

¡Oh, familia dulce y cara!

¿Cómo se os podrá olvidar?

 

 

MANOLA DELGADO GARCÍA

 

Sentidos

Olor: el olor de las chimeneas

Sabor: la paella del día del Corpus

Sonido: el repique de las campanas

Imagen: los prados llenos de hierba

Sensación: tocar el trigo cuando estaba en la era

 

Plantar semillas

La casa colorida alegra los sentimientos de la gente

 

Fotos

Tengo el recuerdo de esta foto: tenía 16 años, vino un primo de mi madre que era fotógrafo profesional y a la salida de misa nos hizo fotos a mis hermanos y a mí. Aunque parezco la madre les llevo muchos años a mis hermanos. Cuando miro la foto y veo que estamos de guapos, parecemos los niños de la España profunda, mi hermana la pequeña, los calcetines serían heredados, pues las gomas qué flojas le quedaban. ¡Y a …! Los pantaloncicos algo cortos, el abrigo se lo había hecho mi madre de unas faldillas. … y … vestían de herencia.

 

Mi pueblo

Es acogedor. Huele a pueblo, chimenea, campo, tomillo. Un día en mi pueblo, el 15 de noviembre, se desbordo la rivera y quedaron dos personas aisladas… Lo mejor de mi pueblo es la libertad y su gente. No hay un río, pero hay un pantano, y si mi pueblo fuera grande, no sería mi pueblo.

 

 

GENOVEVA FUENTES

 

Sentidos

Olor: las cañileras y las lilas

Sabor: las chichas del cebón

Sonido: las ranas cantar en las noches de verano

Imagen: el campo verde en primavera

Sensación: cómo nos pican las ortigas

 

Mi pueblo

Es bonito, tranquilo. Huele a hierba y a ovejas, a humo. Un día normal en mi pueblo hacemos de todo. Lo mejor de  mi pueblo es lo bien que nos llevamos. No hay río, pero sí un pantano, y mi pueblo está bien tal y como es.

 

Plantar semillas

El campo sembrado alegra rápidamente el paisaje para la gente.

Desde la huerta colorida mira con paciencia al pájaro por las ramas.

 

 

Fotos

Qué contenta me puse cuando un hijo de mi padrino vino  al pueblo y traía una máquina de fotos. A mí, que nunca me habían hecho una foto, me dijo que me iba a hacer una… Así se me ve la cara de feliz que tenía y lo guapa que estaba, la falda me la había hecho mi madre de un trozo de tela que tenía y el jersey -también hecho de lana- era rojo. Los zapatos de aquellos de goma, que pasábamos más frío… pero como eran nuevos, no lo notábamos.

Y seguro que cuando me hicieron la foto me tuve que quitar la ropa para volver a guardarla para el domingo.

 

 

 

 

 

Mi pueblo

Mi pueblo es acogedor, como una gran familia que colabora en sus actividades, tanto en sus alegrías como sus tristezas.

FERNANDA PEDRAZ 

Me acuerdo 

Me acuerdo de cuando era niña. Era tan pequeña que cogía más caramelos que nadie en las comuniones.

 

 

JULIANA PASCUAL

La matanza

En mis tiempos de la niñez y de la juventud era la matanza una gran fiesta familiar, pues para realizarla se necesitaba la ayuda de abuelos, tíos y primos.

Se empezaba reuniéndose toda la familia la víspera para migar el pan (necesario para hacer farinatos y morcillas), pelar ajos y atar y coser tripas.

El día de la matanza al amanecer, alrededor de la lumbre en la cocina se comía lomo curado de la matanza anterior y se bebía aguardiente y ya estaban dispuestos a empezar la tarea. Sujetaban el cebón encima de un tajo de madera y le clavaban un cuchillo  para que sangrara sobre un barreño con un cucharón para remover la sangre y evitar que cuajara; esa sangre se echaba encima del pan migado preparado para las morcillas.

Después le cortaban las orejas, las patas y el rabo , y las pelaban las mujeres, mientras los hombres chamuscaban el cerdo. Después lo abrían y le sacaban las tripas: oficio para las mujeres lavarlas y los hombres lo despiezaban. Dejaban enteros los lomos, mantos, el tocino y los jamones. Costillas y demás huesos los partían. Se hacía un adobo para meter lomos, mantos, huesos y papada durante dos días, y después se colgaban en la cocina par que se secaran. Lomos y manto se embuchaban.

La carne que quedaba después de quitar todo lo que he dicho se picaba, se adobaba y al siguiente día  se hacían con ella los chorizos en las tripas que se habían lavado del cerdo.

Tenía la matanza un ambiente festivo: por la tarde los niños íbamos a buscar zarceras para hacer al anochecer una buena lumbre a la que venían niños y jóvenes del  barrio y después de la cena siempre había bromas de disfraces y a veces un buen baile.

 

ISABEL DELGADO GARCÍA

Fotografías

Miro la foto. Cuando veo qu estoy con mis hermanos y los gatitos tengo la alegría de pensar que fui una niña muy feliz, con mis trencitas delgaditas pero apretadas. Seguro que mi madre me pondría así de guapa para salir en la foto.

Sentidos

Olor: el de la matanza

Sabor: probar las chichas del chorizo

Sonidos: Ruido de la rivera. Las ranas croando. La lumbre, las charlas de mi padre, los dichos.

Imagen: el ver el campo florido y con mucha hierba

Sensaciones: el adobar el chorizo y las morcillas en la matanza

 

 

 

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